Rebeliones indígenas en Chiapas: paralelismos entre 1712 y 1994.

virgenrosario

Virgen del Rosario

subco

Subcomandante Marcos – Galeano en mayo del 2014.

Tal vez nos podríamos aventurar en afirmar que el tiempo es cíclico, o bien, que la historia marca los territorios para renacer en ellos nuevamente. O que un gran evento insurrecto sobrevive como leyenda, como mito de carnaval entre los pueblos, hasta que encuentra la ocasión de volver a ser historia viviente. Pero mejor aún, que la capacidad política y organizativa de un pueblo pervive en sus usos y costumbres a través de los siglos…

Este podría ser el caso de dos grandes levantamientos indígenas que han tenido lugar en Chiapas, México.

El primero es el levantamiento indígena de 1712. En esa ocasión, durante varios meses, indios tzotsiles, tseltales, y choques mantuvieron en jaque a la colonia española, en particular al área denominada Audiencia de los Confines y entre cuyas principales bases administrativas se encontraba Ciudad Real (hoy San Cristóbal de las Casas). A diferencia de otros motines improvisados y de revueltas espontáneas anteriores, este levantamiento de 1712 fue un movimiento organizado clandestinamente con anticipación, obedeciendo a una estructura de mando jerárquica, a tácticas de milicia y de apropiación de símbolos, y a estrategias de control territorial y religioso con el fin último de obtener la libertad completa para los pueblos originarios, en ese momento explotados por pagos tributarios a la Corona, la Iglesia y los colonos, trabajos forzados y condiciones inhumanas de sobrevivencia.

No es mucho lo que se habla de la resistencia indígena anterior al Siglo XX. De este caso particular, nos interesa destacar ciertas similitudes que encontramos entre el levantamiento de 1712 y el de 1994, llevado a cabo en la misma región y por los descendientes de los mismos grupos indígenas.

Así por ejemplo, entre los cruces significativos cuya coincidencia nos hace considerar un pensamiento estratégico muy bien asentado en la región, se encuentra el hecho de que la insurrección durante la colonia fue organizada por un grupo menor de 5 o 6 hombres entre los que se encontraban indígenas, por supuesto, pero también mestizos. La historia del EZLN nos da cuenta de lo mismo: 6 personas, entre indígenas y mestizos, fundan el 17 de noviembre de 1983 el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en un campamento de la Selva Lacandona. A pesar de que la insurrección de 1712 se organizó principalmente en los Altos de Chiapas (el poblado de Cancuc fue su base estratégica), los dirigentes se refugiaron en la espesura de la selva una vez que los españoles lograron desarticularlos. O sea que territorialmente la selva provee tanto el fin como el reinicio del movimiento insurgente.

Otra coincidencia relevante es el sigilo con que los pueblos organizaron la revuelta durante los años previos. En este sentido fue fundamental esa asombrosa capacidad aún viva de los pueblos indígenas de Chiapas para generar una veloz red de comunicación boca a boca, y al mismo tiempo, mantener un silencio absoluto e incorruptible respecto a lo que se está gestando.

En 1712, bajo el pretexto de la nueva religiosidad católica, el levantamiento usó la estrategia de las “apariciones de la Virgen” en diferentes áreas de Chiapas. Allí donde se producía el “milagro” se armaba una ermita, generalmente en cuevas alejadas de los centros poblados.Fue en esas ermitas y con el pretexto de celebrar misas, que los indígenas transmitieron la intención del levantamiento y fueron reclutando a las comunidades. Similar fue el proceder del EZLN; no tanto en misas clandestinas (aunque falta por dilucidar el rol de la diócesis de Samuel Ruiz durante los años ’80) pero sí en otros tipos de reuniones clandestinas. De hecho, en las fiestas se “recluía” a quienes no bebían para ser incorporados a las filas del zapatismo. Desde 1983 y hasta 1994, el silencio compañero fue la clave para el éxito de la organización, actitud comprometida que adoptaron indígenas de diferentes grupos étnicos y lingüísticos en un territorio diverso, tal como los mismos zapatistas hicieron y de lo cual dan cuenta en el video del 2do curso de la Escuelita por la Libertad.

En 1712, los indígenas insurrectos se levantaron proclamando el término del poder de los españoles, el fin del pago de los tributos, del trabajo forzado, de los azotes, así como el control de los sacramentos y de los rituales religiosos. En esta revolución los jefes se proponían establecer una zona independiente, una zona liberada. Establecieron su propia audiencia con una estructura religiosa y una organización militar propia.

En 1994, los indígenas insurrectos se levantaron proclamando las 13 demandas (techo, tierra, trabajo, salud, educación, independencia, democracia, justicia, paz, libertad, alimentación, información, cultura) y 9 años después formaron los “Caracoles”, bases administrativas para la autonomía, donde rigen los 7 principios del “mandar obedeciendo”.

Significativo es también la figura de María de la Candelaria en el levantamiento de 1712. Esta mujer indígena de Cancuc ofició como vocera del levantamiento, pues a través de ella hablaba la aparecida Virgen del Rosario, alentando a los indígenas a rebelarse contra el poderío español y a tomar el control del sacramento católico, hasta entonces en manos de una Iglesia, mayoritariamente domínica, que participaba activamente en la subyugación, control y explotación de la población originaria. María de la Candelaria dictaba “autos”, llamamientos orales equivalentes a comunicados, en los que hablaba la Virgen del Rosario por su voz, diciendo entre otras cosas, “ya no tenemos miedo ni vergüenza…ya no hay tributo, ni rey, ni presidente ni obispo”…María de la Candelaria, mayordomo del santuario de la Virgen y cuyas palabras y actos estaban en verdad inspirados por cinco dirigentes indígenas muy bien identificados al día de hoy, nos recuerda ineludiblemente a la figura del Subcomandante Marcos. El “Sub” ofició como vocero desde que el EZLN saltó a la luz pública. Se le identificó mundialmente con el levantamiento, y por su voz hablaron los pueblos indígenas. Miembro del comité clandestino indígena, su imagen cobró tal fuerza que muchas veces se le confundió como líder único del movimiento zapatista. Pero en mayo del 2014, en el Caracol de la Realidad durante el homenaje al maestro Galeano, el Subcomandante Marcos habló de su función, la describió como una estrategia, como un holograma construido hábilmente por los indígenas para llegar a los medios de comunicación y a la sociedad mexicana y el mundo. Este holograma cambiaba entonces de chapa a “Subcomandante Galeano” para tomar el nombre del zapatista asesinado y dejaba sus funciones de vocería (o al menos de protagonismo) para dar paso a voces propias como la del Subcomandante Moisés. Evidente son entonces los cruces entre ambos “hologramas voceros y carismáticos” como María de la Candelaria y el Subcomandante Marcos.

Asi mismo, en 1712 la insurrección indígena de los Altos de Chiapas levantó la imagen de la Virgen del Rosario (una aparición creada con fines aglutinadores similares a los que tuvo la corona española con la figura de la Virgen de Guadalupe) como símbolo de su revuelta. En oposición, los españoles colocaron a la Virgen de la Caridad como su estandarte en el combate. Al momento del triunfo colonialista (tras meses de batalla, detenciones y torturas contra los indígenas) esta virgen fue apodada como “La Generala” y decorada con una banda militar. Esto quiere decir que la lucha por la libertad y contra la guerra de opresión en Chiapas también se libra desde entonces en el campo de lo simbólico: los indígenas intentaron arrebatar el monopolio de la representación divina; es decir, recuperar o crear un lenguaje de signos nuevo para catalizar un período de emancipación. Si consideramos que las religiones aglutinan en torno a relatos e imágenes y que la política contemporánea aglutina también en torno a relatos e imágenes, aquella táctica ejecutada al interior del campo simbólico fue un movimiento de avanzada.

Fundamentalmente, también el (neo) zapatismo desde 1994 integra la palabra, la comunicación, las presentaciones performáticas, los comunicados políticos – literarios como base de un lenguaje político nuevo: es decir, su batalla, que estuvo en el fuego pero continua con la palabra, está creando un mundo nuevo, muy otro, recuperando las raíces simbólicas de lo indígena maya para impulsarlas en un proceder político concreto que se nos figura hoy como la alternativa del futuro.

Durante los diálogos del EZLN con el gobierno mexicano en la Catedral de San Cristóbal de las Casas, un fraile dominico llevó a la Virgen Generala desde su iglesia hasta el lugar de las conversaciones; su gesto particular contribuyó a acentuar este sentido cíclico y el eterno retorno simbólico. Aunque esta vez, parece que la victoria le pertenece a la Virgen del Rosario.

Nota: Para quien quiera seguir profundizando, recomendamos leer “Ya no hay tributo ni rey” de Juan González Esponda; gran parte de la bibliografía de Jan de Vos sobre las rebeliones en Chiapas y nuestro texto anterior “Poética y estética en el zapatismo: la despedida del subcomandante Marcos” disponible en nuestro blog.

GIAP. Noviembre 2015.

Anuncios