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Asi nos presenta la 11º Bienal de Artes Mediales de Chile

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NUESTROS PRÓXIMOS EVENTOS

Visita a San Cristobal de las Casas, México: agosto. HECHO

Escuelita Zapatista por la Libertad, Chiapas, México: 12 al 17 de agosto. HECHO.

Conferencia “Leer un video” en XI Bienal de Nuevos Medios, Santiago, Chile: Viernes 4 de octubre 12 pm. Asistencia gratuita, más info en www.bienaldeartesmediales.cl 

Conversatorio con cupo limitado en CRAC, Valparaíso, Chile: Miércoles 9 de octubre, 17 a 20 hrs. Inscripciones en contacto@cracvalparaiso.org 

PROXIMAMENTE AVISAREMOS DE FECHAS EN TEMUCO, CHILE. 

★ PERCHÉ GLI ALUNNI HANNO AVUTO UN VOTÁN

Di Natalia Arcos

(Si ringrazia per la traduzione EZLN Italia) 

votan 2

Uno dei componenti della Escuelita Zapatista durante il primo corso del primo livello de “La Libertà secondo gli Zapatisti”, è stata l’assegnazione di un votán per ogni alunna o alunno invitato. Abbiamo saputo di questa disposizione attraverso un comunicato del Subcomandante Marcos, pubblicato qualche settimana prima dell’inizio di questa esperienza. La maggior parte di noi non aveva sentito questo termine prima di allora. Descritto in parole dal Sup come “guardiano e cuore del popolo”, o “guardiano e cuore della terra”, o “guardiano e cuore del mondo”, sembra essere un antico termine dei maya, tan vecchio come l’origine del tempo.

In pratica, il votan è stato lo/la zapatista (uomo o donna, secondo il genere dell’alunno/a) che ci ha accompagnato dall’inizio fino alla fine della permanenza nella escuelita. Questi votán sono diventati la nostra ombra durante tutto il giorno in tutte le attività: alzarci, mangiare, lavarci, leggere, cucinare collettivamente, conversare fino a tardi… alcuni alunni hanno condiviso anche l’abitazione e dormito con il proprio votán a fianco. Erano accompagnatori, ma personalmente credo che al tempo stesso fossero le guardie che controllavano, ad esempio, che gli alunni non rubassero né consumassero alcool né droghe, elementi vietati nelle zone autonome. Neppure che scattassimo foto ai compagni senza i loro passamontagna. Non si sa mai qualche infiltrato o malintenzionato, per cui condivido la necessità di un intermediario-vigilante-assistente tra l’alunno invitato e la comunità che li ha accolti.

Tuttavia, di recente mi sono imbattuta in una leggenda che mi ha dato una visione più profonda e bella della idea di un votán. Al di là del suo ruolo di accompagnatore, il votán sarebbe la controparte di ognuno di noi, una versione di noi stessi, ma all’interno dell’esperienza zapatista quotidiana; e nel contempo, noi siamo le loro versioni di “lì fuori”. Un votán è il volto “interno” e, quelli venuti da fuori, formeremmo il volto “esterno” del movimento zapatista. Il legame tra un votán e un alunno costituisce quindi un corpo unico e doppio al tempo stesso: il votán guarda verso dentro della comunità autonoma e vive il suo zapatismo nella costruzione del Buon Governo. L’alunno guarda verso fuori, e come aderente alla Sesta dichiarazione della Selva Lacandona, vive come può (o sente) lo zapatismo in qualsiasi luogo del mondo, in contesti di capitalismo puro e duro. Insieme, il votán e l’alunno, si trasformano in Zapata, nello Zapatismo, così come ci spiega la leggenda che condivido qui di seguito:

“Tante storie fa, quando i primi dèi, quelli che crearono il mondo, si aggiravano ancora nella notte, dicono che c’erano due dèi, Ik’al e Votán, che venivano da uno solo. Voltandosi uno, si mostrava l’altro; voltandosi l’altro, si mostrava uno.

Erano opposti. Uno luce era, come mattino di maggio nel rio. L’altro era oscuro, come notte di freddo e caverna. Erano la stessa cosa. Erano uno entrambi, perché l’uno faceva l’altro.

“Camminiamo”, disse l’uno che due era. “Come?”, chiese l’altro. “Per andare dove?”, chiese l’uno. E si accorsero che così si muovevano un po’, prima per chiedere come, e poi per chiedere dove.

Da allora gli dèi camminano con domande e non si fermano mai; mai arrivano e mai se ne vanno. E allora così appresero gli uomini e le donne veri che le domande servono per camminare, non per restare fermi. E, da allora, gli uomini e le donne veri per camminare domandano, quando arrivano dicono addio e quando se ne vanno salutano con un ciao. Non stanno mai fermi.

Dal tanto andare insieme, Ik’al e Votán, appresero che erano la stessa cosa e che potevano diventare uno solo di giorno e di notte, e quando arrivarono qui, si fecero uno e si misero il nome di Zapata; e disse Zapata che fin qui era arrivato e qui venivano per incontrare la risposta di dove porta il lungo cammino, e disse che sarebbe stato a volte luce, a volte oscurità, ma che erano la stessa cosa, il “Votán Zapata” e il “Ik’al Zapata”, il Zapata bianco e il Zapata nero, e che erano entrambi lo stesso cammino per gli uomini e le donne veri”.

(Estratto libero da “I racconti del Vecchio Antonio”, libro del Subcomandante Marcos)

POR QUÉ LOS ALUMNOS TUVIMOS UN VOTÁN.

Por Natalia Arcos.

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Uno de los componentes de la Escuelita Zapatista durante el 1er curso del 1er nivel de “la Libertad según los Zapatistas”, fue la asignación de un votán a cada alumna o alumno invitado. Supimos de esta disposición a través de un comunicado del Subcomandante Marcos, publicado unas semanas antes del inicio de esta experiencia. La mayoría no habíamos oído esa denominación hasta entonces. Descrito en palabras del Sub como “guardián y corazón del pueblo”, o “guardián y corazón de la tierra”, o “guardián y corazón del mundo”, al parecer es un término antiguo de los mayas, tan viejo como el origen del tiempo.

En lo concreto, votán fue el o la zapatista (hombre o mujer según el género del alumn@) quien nos acompañaba desde el inicio hasta el término de la estadía en la escuelita. Esos votanes se volvieron nuestra sombra durante todo el día en todas las actividades: levantarnos, comer, bañarnos, leer, cocinar colectivamente,  conversar hasta tarde… incluso algunos alumnos hasta compartieron la habitación y dormían con su votan al lado.  Eran acompañantes, pero también personalmente creo que eran a la vez guardias que controlaban que, por ejemplo, los alumnos no lleváramos ni consumiéramos alcohol ni drogas, elementos prohibidos en zonas autónomas. Ni que sacáramos fotos a los compas sin sus pasamontañas. Nunca se sabe cuando hay algún infiltrado o un descarriado, asi que comparto la necesidad de un intermediario-vigilante-cuidador entre el alumno invitado y la comunidad que acogía.

Sin embargo, hace poco me encontré con una leyenda que me otorgó un sentido más profundo y hermoso de la idea de votán. Más allá de su rol de cuidador, el votán vendría a ser la contraparte de cada uno de nosotros, una versión de nosotros mismos pero al interior de la vivencia zapatista cotidiana, al tiempo que nosotros somos sus versiones “allá afuera”. Un votán es la cara “interna” y los afuerinos conformaríamos la cara “externa” del movimiento zapatista. La unión de un votán con un alumno constituye entonces un ente único y doble a la vez: el votan mira hacia adentro de la comunidad autónoma y vive su zapatismo en la construcción del Buen Gobierno. El alumno mira hacia fuera, y como adherente de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, vive como puede (o siente) el zapatismo en cualquier lugar del mundo, en contextos de capitalismo puro y duro. Juntos, el votán y el alumno, se transforman en Zapata, en el Zapatismo, tal como nos explica la leyenda que comparto a continuación :

Hace muchas historias, cuando los dioses más primeros, los que hicieron el mundo, estaban todavía dando vueltas por la noche, se hablan dos dioses que era el “Ik’al” y el “Votán” . Dos eran de uno sólo. Voltéandose el uno se mostraba el otro, volteándose el otro se mostraba el uno.

Eran contrarios. El uno luz era, como mañana de mayo en el río. El otro era oscuro, como noche de frío y cueva. Eran lo mismo. Eran uno los dos, porque el uno hacía el otro.

“Caminemos” dijo el uno que dos era. “¿Cómo?” preguntó el otro. “¿Para dónde?”, preguntó el uno. Y vieron que así se movieron tantito, primero para preguntar cómo, y luego para preguntar dónde.

Desde entonces los dioses caminan con preguntas y no paran nunca, nunca se llegan y se van nunca. Y entonces así aprendieron los hombres y mujeres verdaderos que las preguntas sirven para caminar, no para quedarse parados así no más. Y, desde entonces, los hombres y mujeres verdaderos para caminar preguntan, para llegar se despiden y para irse saludan. Nunca se están quietos. 

Ya de mucho andar juntos, el “Ik’al” y el “Votán” aprendieron que eran lo mismo y que podían hacerse uno sólo en el día y en la noche  y cuando se llegaron hasta acá se hicieron uno y se pusieron de nombre Zapata y dijo el Zapata que hasta aquí había llegado y acá iban a encontrar la respuesta de adónde lleva el largo camino y dijo que en veces sería luz y en veces oscuridad, pero que era el mismo, “el Votán Zapata”, y el “Ik’al Zapata”, el Zapata blanco y el Zapata negro, y que eran los dos el mismo camino para los hombres y mujeres verdaderos”.

(Extracto libre de “Los relatos del Viejo Antonio”, libro de cuentos del Subcomandante Marcos, pág. 53 – 55, Ediciones Radio Universidad de Chile, septiembre 2012).

Enlace

Giap: relato de la escuelita zapatista publicado en “El Ciudadano”.

Relato de la Escuelita Zapatista

El domingo 11 de agosto, desde temprano por la mañana, nos fuimos presentando en el CIDECI-Universidad de la Tierra- de San Cristóbal de las Casas, todos los casi 1.700 alumnos invitados por el EZLN para ser parte del primer grupo del primer nivel de la “Escuelita de la Libertad según los Zapatistas”.

A cada uno de nosotros se nos había entregado una identificación con el nombre del Caracol al cual nos correspondía asistir, así como 4 cuadernos de texto y 2 dvd como material de estudio: Gobierno Autónomo I y II, Participación de las Mujeres en el Gobierno Autónomo y Resistencia Autónoma.

Después de unas horas entre cafés, conversaciones y música en vivo, comenzamos el viaje. Primero montaron sobre los camiones los que iban a los caracoles más alejados: Roberto Barrios y La Realidad. Enseguida nos tocaría a nosotros, los de La Garrucha, junto con los que iban dirigidos a Morelia.

El viaje fue más largo de lo previsto, cerca de 8 horas en un camión donde nos turnábamos para sentarnos las 28 personas que ahí íbamos, con frío y apetito pero también con un entusiasmo sin límites. Sigue leyendo